Álbum Familia Lincopi Collio

Testimonio I Jimena Lincopi Collio

NIÑEZ Y HORFANDAD

“Soy Jimena Elisa Lincopi Collio, hija de Carlos Lincopi Imilqueo y Josefina Collio Huechuqueo. Mi mamá nació en Nueva Imperial y mi papá en Carahue. Los dos tienen una historia muy parecida, de sufrimiento en realidad, los dos sufrieron harto cuando niños, por el hecho de haber sido huérfanos. Mi mamá huérfana de papá y mi papá huérfano de mamá”.

“Cuando mi abuela —la mamá de mi mami―, estaba embarazada. El papá de mi mamá falleció, y falleció al parecer por tuberculosis. Entonces mi mami nació sin papá, y estuvo un par de meses con esa madre que después la fue a dejar, siendo guagüita, a la casa de su marido, es decir, donde los Collio, y mi mami se crió con su abuelita. Mi mami contaba que, como era bebe, y tenía que tomar leche, según la abuelita, le empezó a poner ella el pecho a mi mami y, según la abuelita, le había salido leche por mi mami. Así contaba mi mami, que ella había tomado leche de su abuelita. Y ahí se crió, con esa familia, con su abuelita y su abuelito, los papás de su papá, que nunca conoció”.

“Igual sufrió ella ahí, porque aunque estaba con los abuelos, en esa casa también vivían los hermanos del papá de mi mami, y ellos también tenían sus familias, por ende, había más niños y niñas. Y claro, quizás a los abuelitos de mi mami no les alcanzaba como para vestir como vestían a las otras niñas sus papás, y ahí mi mami notaba la diferencia. La diferencia por no vivir o ser protegidos por sus papás. Y la mandaban al colegio, pero había temporadas de colegio porque en las temporadas de trabajo ella tenía que trabajar. Como todos los niños en todo caso, no solamente ella. Y entonces la mandaban al colegio, pero como ella se crió con la abuelita y ella solo hablaba mapudungun, cuando fue por primera vez al colegio mi mami no sabía hablar español. Y como las primas estaban aventajadas porque habían sido enviadas antes al colegio, todas se rieron de ella porque llegó diciendo la waka por ejemplo. También le decían que cómo andaba mal vestida y no tenía zapato ―contaba mi mami—. Se burlaban de ella, le decían que era fea”.

“(…) La historia de mi papi también es un poco triste. Él quedó huérfano de mamá, y decía mi papi que su mamá había fallecido porque tomó mate y después se lavó el pelo. Y el abuelo Domingo ―que es el papá de mi papi― trajo a otra señora a la casa, porque igual era joven y tenía dos hijos: el tío Manolo y mi papi, que era el menor. Cuando llegó esta señora, que se llamaba María, empezó a tener sus hijos también, entonces —decía mi papi― él se acordaba que, cuando estaba chiquitito, que el abuelo Domingo salía a trabajar en el campo, y cuando la señora calculaba que iba a llegar mi abuelo a la casa, le ensuciaba la boca a mi papi con harina, y le decía al abuelito que mi papi ya había comido. Y mi papi no había comido. No le daba comida. Mi papi tenía que salir con el tío Manolo a buscar frutas mientras cuidaban a los animales. Por todo eso yo creo que mi papi se vino muy chico a Santiago”.

MIGRAR A SANTIAGO Y TRABAJAR DE NANA

“Mi mami se vino como a los diecisiete, dieciocho años. Ella no se acordaba bien, o a lo mejor un poquito más tarde porque ella trabajó harto tiempo en el pueblo, en Nueva Imperial, en una casa donde había un negocio. Ahí vivía y trabajaba las 24 horas, porque cuando querían ella siempre tenía que estar disponible en la casa. Ahí trabajo un par de años. Ahí como que mi mami se dio cuenta de la plata, porque antes tampoco la conocía. Y que podía hacer cosas, entonces ahí juntó un poco de plata y decidió venirse para Santiago. Acá llegó donde un hermano de su papá, el abuelito Martín, que vivía en la José María Caro. Ahí llegó. El abuelito la recibió, contaba mi mami. Estuvo un tiempo. Consiguió trabajó y se fue como empleada doméstica puertas adentro. Y se fue a una casa donde eran un matrimonio con niños. Y así fue, hasta que llegó a la casa que realmente la marcó, que fue donde una señora con tres hijas, y que después siguió con una de las hijas, y después siguió con un primo de esa señora”.

MIGRAR A SANTIAGO Y TRABAJAR DE PANADERO

“Acá en Santiago mi papi llegó donde su hermano, el tío Manolo. Él (Manolo) ya estaba acá, porque se llevan por hartos años con mi papi. El tío Manolo vivía en el centro, en un cité, y mi papi estuvo ahí hasta que encontró trabajo en una panadería, en la Panadería París 100. Y ahí había habitaciones para los trabajadores, entonces mi papi empezó a trabajar y vivir ahí. Lo que ganaba mi papi, siempre él decía, él era muy pretencioso, le gustaba vestirse bien, entonces con lo que ganaba se mandaba a hacer los ternos”.

LAS PATRONAS VALDÉS CLARO

“No me acuerdo como se llamaba la señora, pero me acuerdo bien del nombre de las tres hijas que mi mami siempre nombraba: la Chita, la Margarita y la Rosi. Ellas tenían la edad de mi mami, pero ellas eran señoritas, de “la alta alcurnia”. Eran Valdés Claro los apellidos. Y eran las tres solteras”.

“La mamá falleció de viejita. Una de las hijas, que era muy bonita —porque yo la conocí en un cuadro pintado que trajo mi mami—, ella al parecer, según me contaba mi mami, se había enamorado de un tipo, y la mamá no le aceptó ese amor. La molestó, y ella se suicidó. Se suicidó la Margarita. Se dio un balazo en el departamento. Mi mami vio eso. Cuando escucharon el disparo, fueron a ver y estaba la niña muerta ahí en el suelo. La otra viejita ―que era la Rosi— parece que falleció de una enfermedad, no sé qué. Y con la que tuvo siempre una mejor relación, como que la quería harto a mi mami, era la Chita. Y con ella se quedó al final. Cuando nosotros ya estábamos, mi mami ya había formado a su familia, ella seguía con la Chita”.

ENAMORARSE EN SANTIAGO

“Y se conocieron con mi mami en una fiesta que se hacían, donde se juntaban ellos: puros jóvenes mapuche, seguramente que emigraron del sur y llegaban acá a Santiago (…)

A mi mami la invitó un primo. Llevó a las dos primas que eran mi mami y la tía Dorita.

…¿Y mi abuelita todavía estaba puertas adentro? Era un domingo
Era un domingo. Los domingos en la tarde tenía libre. Era un domingo. Después de almuerzo, el domingo era todo para ellos. Y las panaderías seguramente no se abrían los domingos tampoco en la tarde. Entonces los viejos también tenían libre los domingos en la tarde”.

“Entonces fueron ahí este primo les presentó amigos. Dentro de esos amigos estaba el Carlos Lincopi. Mi mami me decía que a ella le gustó altiro mi papi, o sea, altiro, altiro. Ella lo vio, la presentaron, y altiro engancharon ellos dos. Se miraron y fue… altiro. Ahí se empezaron a conocer. Y ligerito, seguramente, mi papi le pidió pololeo, no sé cómo habrá sido. La cuestión es que ligerito se hicieron pareja y después salían los dos solos. Iban a la Quinta Normal a caminar los domingos en la tarde, esa era su salida: los domingos en la tarde con mi papi a caminar al parque”.

ARRENDAR EN FRANKLIN

“Al tiempo mi mami quedó embarazada de Juan Carlos, mi hermano mayor. Entonces decidieron irse a vivir juntos con mi papi, y quien ayudó a eso fue la Chita. Y cuando se fueron a vivir tenían dos cucharas, dos cuchillos, dos tenedores, la cama por supuesto, decía mi mami, lo más importante, una mesita, una cocinilla. Y arrendaron allá en la calle Madrid, en el Barrio Franklin. Ahí arrendaron una pieza los dos. Después al tiempo llegó el Juan Carlos, les vino a cambiar la vida. Mi mami siempre fue feliz con mi papi, obviamente pasaron, como todos los matrimonios, por problemas, porque mi papi igual era desordenado (…). Entonces arrendaron una pieza en un cité. Ahí vivían los tres. Es más, ahí nació Juan Carlos, el Luchín, el Nancho y yo. Todos nacimos ahí”.

LA CASA PROPIA Y LOS NUEVOS VECINOS SANTIAGUINOS

“Mi mami no quería venirse a Renca. Ella quería quedarse allá en el cité. En ese tiempo ya no tenía una pieza arrendada. Como la familia creció, arrendaron otra pieza, entonces ella estaba acostumbrada allá, porque también tenían todo cerca en Franklin: la carne, las verduras, todo. Y como ella seguramente tenía el pensamiento de la Chita ―su patrona—, ella no le gustaba la idea de venirse a la periferia. Bueno, como mi mami no se quería ir, mi papi llevó un camión y subió todas las cosas, entonces mi mami se tuvo que venir igual. ¡Ah!, pero el proceso fue más largo, porque la casa fue autoconstrucción. Entonces mi papi venía los domingos, junto con Juan Carlos, el hijo mayor, a construir la población. Tuvieron que parar los paneles de todas las casas de la cuadra, y después cada familia hacia las mejoras: poner las puertas, los pisos, todo. Entonces, cuando estuvo más o menos listo, se vinieron. Mi mami me contaba que los más contentos eran los chiquillos. Yo estaba guagua, pero Juan Carlos y el Luchín ―que estaban un poco más grandecitos— estaban felices, entonces después mi mami se tuvo que adaptar. Para mi mami igual fue fuerte llegar a vivir acá, porque las vecinas eran santiaguinas. Mi mami no tuvo mucho roce con santiaguinos, porque llegó donde su tío, se fue a trabajar a una casa pituca, y esa era su vida, entonces ella no había vivido con gente de las poblaciones. Entonces para ella era todo nuevo. La gente decía garabato. Y ella me decía que el garabato que más le llamó la atención fue “saco huea”.

PROBLEMAS CON VECINOS

“Mi mami me contaba hasta poco antes que falleciera, se acordaba de cuando una vecina, que ahora también falleció, le había dicho a otra vecina que los indiecitos tenían una pelota que se le había perdido al hijo de esta señora. Entonces vino esta señora y le dijo a mi mami que esta otra vecina le había dicho eso: que los indiecitos tenían la pelota, y con indiecito se refería a los hijos de la Josefina, mi mami. Ahí mi mami sintió que la miraban distinto. No sé si habrá sentido discriminación, pero si lo contaba como bien altiva diciendo: “que se cree esta rota que viene a tratar a mis hijos de indiecitos”. Nunca se dejó pasar a llevar. Así que en esa oportunidad fue ―esto me lo contaba ella― y le dijo: “mire señora, yo trabajo, mi marido trabaja, así que si mis hijos quieren una pelota, le compramos la pelota”. Entonces así le paro los carros. Y yo creo que así se fue ganando el respeto, porque cuando yo fui creciendo nunca sentí que alguien le faltara el respeto a mi mami, ni a mí, ni a mis hermanos. La verdad es que yo no sentí discriminación. Yo no la sentí, o no me di cuenta, no sé. Mi papi también tuvo problemas con algunos vecinos, pero mi papi no tenía na’ que ver con cosas. Él era de combo limpio no más, así arreglaba los problemas con los vecinos”.

BUENA RELACIÓN CON LA PATRONA

“Para que mi mami pudiese tener la casa, la señora Chita ayudó. Cuando llegó Pinochet, el viejujo, seguramente para hacerse plata, a toda la gente que debía plata les cobró un porcentaje de la deuda y la casa quedaba pagada. Así le llegó mucha plata a ese viejo, porque toda la gente quiso pagar sus casas. Entonces para eso la señora Chita fue importante, porque nadie en esos tiempos podía tener una gran cantidad de plata para entregarla de un día para otro, y ella la ayudó a mi mami (…). Entonces la señora Chita fue buena con mi mami. Ella siempre estuvo muy agradecida, por eso iba a dejarle flores. Mi mami se dio el tiempo hasta poco antes de fallecer. Se acordaba e iba al cementerio a dejarle flores a la señora Chita, ¡Imagínese! Esta familia tenía un mausoleo que en el terremoto del ‘85 se cayó. Ahí ya estaba la Chita, y mi mami hizo el trabajo para que la hicieran tumba, en donde puso todos los nombres. Mi mami mandó a que redujeran los restos. Los puso en una tumba con una placa grande donde decía Familia Valdés Claro. Ahí puso el nombre de la mamá, por el orden en que habían fallecido. Como ella estuvo finalmente con las cuatro y estuvo en los cuatro funerales, entonces ella puso los nombres en orden. Y eso todavía está ahí. Puso el nombre de la mamá, la Margarita, la Rosi y la Chita. Mi mami se hizo cargo de ellas hasta el final, ¡cómo habrá sido su agradecimiento que después de muertas les sirvió!”

EL SUEÑO DE SER INDEPENDIENTE Y CONOCER LA MARIHUANA

“Una vez mi papi recibió plata, harta plata, por un trabajo. No sé. La cosa es que yo vi harta plata, porque se compraron: una lavadora, una tele a color, una enceradora y le puso baldosa a toda la casa, y arrendó la panadería en la que él siempre había trabajado, la París 100. Él no quería ser más apatronado Quería ser independiente, ganar sus lucas. Eso quería mi viejo, pero le faltó apoyo, porque mi mami, por el contrario, quería depender de alguien. Ella estaba feliz con su trabajo, con lo que ganaba ahí. Se sentía segura, y mi papi no quería eso. Mi papi quería independencia, siempre jugó por eso”.

“Cuando arrendó esa panadería estuvo un año. Fue un año de compromiso. Ahí yo conocí donde antes dormía mi papi cuando vivió y trabajó en esa panadería, porque había una escalera que llevaba donde habían 6 dormitorios (…). Ese año estábamos divididos. Yo pasaba en la casa sola porque tenía que ir al colegio. Mi mami me mandaba al colegio en la mañana y ella se iba, seguramente, se iba a trabajar y después en la tarde llegaba a la panadería. A veces llegaba o llegaban los chiquillos no más. Hubo un desorden ese año. No les fue bien, pero sobrevivieron en esa aventura. Después mi papi siguió intentándolo, porque él nunca quiso trabajar apatronado. Entonces puso una amasandería en la casa. Al principio le fue bien pero después no tanto, así que tuvo que cerrar. Después estuvo un tiempo sin trabajar, en la época de la recesión, y ahí mi mami trabajaba (…). Cuando mi papi estuvo sin trabajo, lo que hacía era irse a Quintero durante el verano, porque conocía gente en Quintero, de una panadería (…). Él no era el único que se iba para allá, porque en verano el dueño de la panadería necesitaba gente, entonces enero y febrero se quedaba allá mi papi. Después encontró un trabajo en la población Juan Antonio Ríos, en una amasandería. A él le gustaba trabajar ahí porque era una cuestión súper familiar. Ahí mi papi conoció la marihuana, porque el dueño un día después que trabajaron y cerraron el negocio, le dijo a mi papi que se quedara un rato en una fiesta que tenía la familia, y compartió con ellos. Entonces después cuando mi papi se iba, el dueño lo fue a dejar al paradero, y este señor se empezó a fumar algo y le convidó, y mi papi fumó pensando que era cigarro, y era marihuana. Después nos dimos cuenta, porque mi papi no sabía lo que era, pero se sintió así. Se voló. Estaba volado, yo me acuerdo. Cuando llegó se sentía mal, le dio la pálida. Mi mami le preguntaba y él decía que se había tomado unos vasos de vino no más y se había fumado un cigarro”.

*El uso de las fotografías de este sitio web, solo puede realizarse con el permiso de las familias correspondientes y dueñas del archivo fotográfico. Queda prohibido el uso del material, más allá de la investigación relacionada con el libro y el sitio web del proyecto “Santiago waria mew, memoria y fotografía de la migración mapuche”. Cualquier otro fin debe ser consultado.