Álbum Familia Millaqueo Coñueñir

Testimonio I Francisca Millaqueo Coñueñir y Ana Millaqueo Coñueñir

NUESTROS PADRES

“Mi mamá se llama Clorinda Coñueñir Millaqueo. Mi papá se llamaba Belisario Millaqueo Painen. Ellos fueron primos. Se casaron acá en Santiago, porque se vinieron del sur, ellos eran de Maquehue, cerca de Temuco, en Padre Las Casas, de Monopaine para adentro. Entonces cuando llegaron acá se casaron”.

SUR SUFRIDO

“Mi papá contaba historias tristes del sur, porque sufrió harto, lo hicieron trabajar. Aunque igual las mujeres trabajaron harto. Araron la tierra. Mi abuela, por ejemplo, a ella le tocó arar la tierra porque eran tiempos difíciles. Aparte había machismo, pero no sé si el machismo era de los mismo mapuches o era algo como que lo absorbieron ellos cuando llegaron los españoles, porque hartas cosas de los wingka en realidad tenemos los mapuches ahora, y hay generaciones en que realmente tienen pura influencia wingka”.

AGUSTINAS 2113

“Salieron jóvenes del campo, no sé, como a los quince años, dieciocho años, salieron por trabajo. Mi papá fue panificador y mi mamá trabajaba de nana. Al principio vivieron en casas antiguas en el centro, con otras familias también, que no eran mapuche. En Agustinas arrendaban, en Agustinas 2113. Nosotras crecimos ahí, que ahora es un hotel para estudiantes, esa casona, porque es una casa antigua, la Casa Roja parece que se llama ahora. Esa casa tenía un patio tremendo para atrás, con las habitaciones a los alrededores, y los techos bien altos, y tenía un segundo piso me acuerdo. Es que son de esas casonas bien grandes, como coloniales. Esa casona tenía habitaciones grandes. Me imagino casi un castillo, porque eran unas habitaciones gigantes, por ejemplo, nosotros en la habitación que vivíamos yo me imagino que era para una pareja, no sé, un matrimonio, quién sabe a quién perteneció esa casa, eso no sabemos”.

MI PADRE PANIFICADOR

“En el último tiempo que trabajó por muchos años fue en Chesterton, en las Condes. “Martes 13” se llamaba la panadería. Ahí José Sandoval se llamaba el caballero, no sé si vive todavía, pero él era el patrón de mi papá. Bueno, la vida de los panificadores es como bien especial, porque el patrón prácticamente los anda buscando a veces cuando no llegan a trabajar. Así era por lo menos en esa época. Yo me imagino que en los supermercados es distinto, pero en esas panaderías como de barrio era así. A mi papá lo llamaban, a veces, por ejemplo, igual lo que ha pasado mucho es que los mapuche se han puesto bueno pal’ trago. Entonces mi papá igual a veces tomaba y no quería ir a trabajar, y lo llamaban por teléfono y tenía que ir. A veces nos decía a nosotras que dijéramos por teléfono que no estaba, pero ya después nos aburrió, entonces lo obligamos a que fuera también.” (Ana Millaqueo)

MI MADRE NANA

“Mi mamá…Yo tenía una foto pero no la encontré, de cuando llegó trabajó de nana, que mi tía abuela nos dio una foto para que la guardáramos. Era la única que tenía ella de cuando trabajaba de nana. Dijo que ella la había llevado a trabajar a esa casa. Y estaban celebrando un cumpleaños, y ella aparecía con un cintillo y una plumita que le habían comprado a ella, a mi mamá (…) A mí ahora me dio pena, pero cuando mi mamá se acordaba no le pasaba eso. Mi abuelita igual lo contaba, pero así normal.” (Francisca Millaqueo)

UN PATRÓN DISTINTO

“Igual mi mamá tuvo un patrón que se llamaba Aurelio Zorrilla y él fue mi padrino. Fue como el último parece que estuvo trabajando. Y él estuvo con ella hasta después que no trabajaba más, o sea, llegó a ser mi padrino. Él fue como una familia diferente a quizás como habían sido otras (…) Yo me acuerdo que nos ayudaba en todo mi padrino, yo me acuerdo que económicamente ayudaba siempre a mi mamá, por ejemplo él nos compraba zapatos, porque mi papá no ganaba mucha plata, no tenía mucho dinero.” (Ana Millaqueo)

INDIO A MUCHA HONRA

“Mi papá no se avergonzó nunca. A lo mejor sí le ocurrían cosas, no sé, pero no se achicaba. Eso tenía: que no era menos que otro en ninguna parte y siempre orgulloso. Yo me acuerdo que habían unos niños acá en el barrio —que vivimos hace mucho tiempo— que nos decían indias cuando peleábamos, y mi papá salía y decía: “gracias, con mucha honra” y nos decía: ¡repitan!, ¡repitan!, y nosotras no nos atrevíamos.” (Ana Millaqueo)

DEL CENTRO A LA PERIFERIA DE LA CIUDAD

“Fue un cambio venirse para acá [La Granja], porque nosotras vivíamos en Agustinas como en una burbuja en realidad, porque amistades muchas no teníamos cuando éramos pequeñitas. Y el cambio del colegio también, porque eran niños distintos. Allá en el centro estuvimos en un colegio donde había diversidad. Habían niños coreanos, de todo.” (Francisca Millaqueo)

“Se llamaba N° 13, pero ya no existe. En ese colegio iban de distintas clases sociales también, entonces, por ejemplo, mi amiga, mi mejor amiga, se llamaba Lorena Carter. Yo no tengo idea dónde está Lorena Carter ahora. Era rubia y su mamá era como bien pituca y su casa era distinta. Nunca fui a su casa, pero ella tenía una casa digamos grande y era una casa entera, no como nosotros. Es que claro, nosotros vivíamos en esa burbuja, pero en el fondo nuestra casa era la habitación no más donde estábamos, pero teníamos todo. El patio siempre lo tomamos como que era de nosotros. Y llegar aquí igual fue un cambio, porque los niños igual eran distintos, eran un poco más violentos que los otros, eran como más agresivos que cuando estábamos antes. Eso fue como un cambio igual.” (Ana Millaqueo)

TRUTRUQUERO

“Mi papá estuvo en un grupo con Lautaro Manquilef. No sé cómo se llamaba el grupo, pero él siempre andaba participando. Andaba o bailando o de trutruquero ahí en el grupo. Yo así lo recuerdo, como muy salidor, muy bueno para salir.

¿Pero eso qué año fue más o menos?

No sé, éramos chicas. Incluso una vez salieron en el Chilenazo, en no sé qué época. Y él le avisó a todos los vecinos que iba a salir.

¿Y él era trutruquero, ésa trutruka era de él? Claro, como antigua…

Él era trutruquero. Tenía una larga así como de fierro (…)

Cuando él llegó acá, buscó a su gente, buscó juntarse con gente mapuche también… y yo creo que ahí empezó a conocer a varias personas: Lautaro Manquilef, a Manuel Ladino —que es profesor de mapudungun, él también hace talleres—, y siempre mantuvo su amistad con estas personas…” (Francisca Millaqueo)

EL ÜLLKANTUN

“Yo nunca lo escuché cantar esa canción (foto 11). Yo la encontré entre las cosas que le revolví, nunca la había visto. Lo he escuchado cantar. Cuando íbamos al sur y hacían las fiestas después de la cosecha, ahí cantaba. Mi abuela cantaba, todos empezaban a cantar, no ve que se juntan ahí (…)” (Francisca Millaqueo)

“Mi papá cuando iba a antes al sur grababa todo eso, pero en cassette. Pero eso tampoco los tenemos ahora, pero grababa por ejemplo, así como nosotros estamos conversando muertos de la risa. ¡Canta tú!, ¡canta tú!, pero todo en mapuche, todo en mapuche… y cantando y riendo.” (Ana Millaqueo)

MAPUDUNGUN

“Mi papá quería que nosotras aprendiéramos mapudungun. Tenía una pizarra donde nos enseñaba, porque él era así, con sus ideas fijas, pero después igual le convenía que no aprendiéramos, porque resulta que entre ellos, con mi mamá, se comunicaban cuando no querían que nosotras supiéramos ciertas cosas (…). A veces se reían, y otras veces estaban enojados, o se contaban cosas, todo en mapudungun, y ahí nosotras quedábamos…”

*El uso de las fotografías de este sitio web, solo puede realizarse con el permiso de las familias correspondientes y dueñas del archivo fotográfico. Queda prohibido el uso del material, más allá de la investigación relacionada con el libro y el sitio web del proyecto “Santiago waria mew, memoria y fotografía de la migración mapuche”. Cualquier otro fin debe ser consultado.