Álbum Familia Hueche Quinchaleo

Testimonio I Elsa Quinchaleo Avendaño

NIÑEZ Y TRABAJO

“Yo me llamo Elsa del Carmen Quinchaleo Avendaño. Nací en Lautaro, en el sector Muco Chureo. Yo en el campo, cuando niña, cuidaba los animales, los chanchos, todos los animales que hay en el campo, porque antes no cerraban la gente los potreros. Estaban así abiertos no más, pero había que cuidar que los animales no se fueran al otro potrerito. Entonces yo cuidaba las vacas, las ovejas, para que no cruzaran para el otro lado; igual trabajando, hilando o torciendo lana, algo teníamos que hacer, no podíamos estar así no más. Que dijeran jueguen un poco, ¡no!, nosotros no sabíamos lo que es jugar: trabajar al tiro. Había colegio, pero yo nunca fui, aunque ahora estoy yendo”.

MATRIMONIO ARREGLADO

“Mi abuelo fue muy estricto, muy jodido. Él eligió el hombre que iba ser mi marido, yo no lo elegí. Me dijeron que me tenía que casar con ese hombre porque era un hombre trabajador, era un hombre joven, y ellos me entregaron ahí po’, y me fui con ellos. Tenía que irme no más, si yo estaba como esclavo ahí. Me decían que con el tiempo nosotros nos íbamos a querer, cuando llegaran los hijos nos íbamos a querer, así que eso fue mi vida mía, no muy buena. Yo me casé muy jovencita, o sea, nosotros nos fuimos a vivir juntos no más, no nos casamos tampoco, porque así era antes: no valía casarse por el civil, valía lo que ellos decían. Así que eso, yo no tuve niñez, no tuve eso; así que puro trabajo, ahí aprendí a hacer todas las cosas, trabajar eso sí, pero igual doy gracias a dios porque a lo mejor estuvo bueno que me criaron así, porque yo pude ser una mujer trabajadora. Hasta ahora todavía estoy trabajando, a lo mejor fue bueno o no sé”.

MIGRAR A SANTIAGO

“Después que tuve a mis hijos, ellos estaban chicos, nos vivimos a Santiago. Mi marido nos dijo: “nos vamos para allá, porque allá vamos a encontrar trabajo”. Nosotros ya teníamos una casita allá en el sur. Teníamos una casita de totora. Arriba era de totora y abajo era de barro, pero tuvimos una mala suerte ese año. Teníamos una chancha que iba a tener chanchitos ―no sé lo que le pasó a la chancha, porque según dicen que si los animales no comen lo que desean pierden sus chanchitos, fue tan así que la chancha no pudo meterse al trigo del fundo―, parece que ella se antojó y perdió todos los chanchitos, tenía 12 chanchitos. Entonces ahí se fue todo abajo el ánimo; la cosecha no estuvo muy buena; a mi marido le hicieron una mala jugada los mismos hermanos. (En ese) Entonces él tenía trabajo en el fundo, pero él dijo que allá íbamos a estar mal en el invierno, que los niños iban a estar todos mojados para ir al colegio, y él quería que los niños fueran al colegio para que no sean como nosotros, “porque nosotros no sabemos nada”, dijo él. “Nos vamos para Santiago. Allá encontraremos trabajo más fácil y los niños pueden entrar al colegio allá”. Entonces agarramos los monitos y nos vinimos, porque no teníamos grandes cosas. Como siempre digo: echamos toda la casa en un saco y nos vinimos”.

TOMA DE TERRENO

“Yo quería tener una casita para ellos, para que no anduvieran por aquí y por allá. Yo tenía trabajo ya, pero no alcanzaba para comprar una casa. Trabajábamos los dos, pero era muy poco. Después ellos empezaron ya a estudiar y no había plata como para comprar una casa. Entonces por otra vecina que dijo que fuéramos a tomarnos un terreno que hay abajo, dijo. Un pedacito que queda ahí. Era un fundo, no sé de quién era, pero era un pedazo como una cancha que había harta parra y ciruelos. Dijo vamos a tomarnos ahí. Lo tomamos no más. En ese tiempo era bueno toma de terreno, no había ningún problema. Ahora no se puede hacer eso. Entonces yo me animé también. Tenía a mi hijo, estaba guagüita, estaba tomando pecho, pero dije yo voy no más. Yo quería tener una casa. Yo siempre fui valiente y dije yo: “¡salga lo que salga!, ¡yo voy no más!”.

Entonces ya mi marido trabajaba en Frutos del País en Santa Rosa. Yo también trabajaba, pero llegué temprano y preparé las cositas para llevar para dormir en la noche, para dejar mi guagua y que no pasara frío, y una bandera. Tenía listo, y la comida lista cuando mi marido para darle porque yo iba a partir. Y llegó mi marido del trabajo y me dice: ―“¿y esta bandera?”.

― “Sabí, vamos a ir a tomar un terreno”

― “¿a Dónde? ―me dice él― ¡cómo va a ir!

―“No” ―le dije, ―yo voy a ir, yo quiero tener una casa para mis hijos, no quiero que andemos por aquí y por allá… ¡yo voy!”.

Así que le di la comida rapidito. Le di unos mates. Le dije: “luego van a pasar las señoras a buscarme”, y me dice él: “¿y la guagua?”, “me la voy a llevar ―le dije yo―, allá la tengo debajito…”. Tenían nailon, tenían todo para hacer una carpita. Yo dije, allí debajo la meto. Cuando lloré le doy pecho y la vuelvo a meter ahí debajo. A mí no me importó de frío o que le dijeran algo. Y me dicen, me dice: “no vayai na’, yo voy, el niño se puede enfermar, mejor quédate aquí y mañana en la mañana pueden ir ustedes”. Así que luego pasaron las señoras a llamarme, y yo les dije que yo no iba a ir, pero iba a ir mi marido. Partieron las vecinas con mi viejo a tomarse el terreno. Se lo tomaron y yo a media noche sentía los balazos. Yo estaba más arrepentida, decía: “dios mío por qué fue él, mejor hubiera ido yo”. No me sentía que yo me podía morir, nada, sino que lo sentía a él, yo decía: “yo no quiero que a él le pase… qué hago ahora”.

Después a las 6 de la mañana llegó a la casa y me dice: “sabí vieja, ahora van a ir ustedes, porque nosotros ahora tenemos que ir a trabajar”. Yo había pedido permiso en el trabajo, entonces yo fui. Tenía que partir con todos los chiquillos. Partí con todos, y con mi guagua bien envueltito partimos tempranito pa’ abajo. Así que allá en una carpita dejé a la guagua, mientras los niños andaban corriendo. Tomaron tecito, como eran chicos no sabían, corrían no ma’. Y yo anduve con un garrote rodeando por ahí. Después llegaron los carabineros, y preguntaron por qué estábamos ahí, y nosotros les dijimos que necesitamos un pedacito de terreno para hacer una casita, porque teníamos niños chicos y no teníamos donde estar. Nos dijeron que fuéramos a la municipalidad, que ahí nos iban a dar buena información, así que partimos tempranito con la gente que manda para hacer los trámites. Y llegamos allá y tuvimos tanta suerte que nos recibieron al tiro, y al tiro nos vinieron a ver. Vinieron a ver dónde era, me vinieron a ver a mí, vinieron a ver a mis niños, y nos dijeron que fuéramos de vuelta a la municipalidad, y ahí nos regalaron una mediagua chiquitita. Y así anduvimos con la mediagua paseando por todos lados, en otras casas que iban a dejar, hasta que llegamos a la casa. Ahí me armaron mi casita chiquitita para dormir, porque la cocina podía cocinar afuera. Y así pude tener mi casa y se criaron mis chiquillos ahí”.

VIAJES AL SUR

“Nosotros íbamos en los verano al sur. Íbamos en el tren. Iban escondiditos los niños debajo de los asientos, encima de los bolsos. Eran chicos, porque así no pagaban pasajes, eran muchos, eran cinco, entonces no se podía. Al más chiquitito lo podía llevar en brazo, pero a los otros no, pero no podían quedarse aquí tampoco, tenían que ir no más. Nosotros llegábamos donde una tía ―que todavía vive pero esta viejita―, ahí llegábamos de primera con todos mis pajaritos. ¡Ah!, pero antes llegábamos donde mi abuelita. Ella nos salía a recibir con sus manitos abiertas, mi viejita, y ligerito no más preparaba una tortilla, porque mi abuelita cocinaba en el fogón, no con cocina de leña, porque a ella no le gustaba eso, le gustaba su fogón no más. Así que ahí rapidito hacía una churrasca para tomar con unos mates, porque ese era el primer cariño que había en el campo: los mates, tomábamos mate. Después salíamos a recorrer, a saludar a toda la familia. Después llegábamos en la tarde otra vez donde mi abuelita. Después, cuando ella ya no estuvo más, llegábamos donde la casa de mi tía. Después, cuando conocí a mi papá, empecé a llegar donde él; lo conocía pero como otra gente no más. Después él me dijo que era mi papá. Yo vine a saber que él era mi papá cuando mis hijos ya estaban grandes, pero igual lo quiero porque es mi papá, ya lo perdoné, no sé que habrá pasado en esos tiempos que ellos no vivieron juntos, con mi mamá. Solo dios sabe, y yo lo perdoné al viejito, porque es lo único que tengo y es mi sangre, así que llego donde él ahora, donde mi papá”.

PARTICIPACIÓN EN EL TEATRO

“Ahora yo también tengo otras cosas que diosito me ha regalado. Me sacó de todo lo malo que pasé. Estoy en una obra de teatro. He ido a Corea, Brasil, a Francia, todas esas partes la he recorrido, y así en Antofagasta, en hartas regiones he andado. Yo creo que eso también me hace vivir, me da fuerza para seguir luchando, que por eso estoy aquí. Y todavía estoy en una obra, y ahora estamos preparando otra que se llama Ñuke. La obra con la fuimos a Corea se llama Galvarino. Es de un joven que lo estaban reclamando, yo era la mamá de ese joven; y la otra era, Mis Antepasados, con esa empezamos primero. Esa fue mía, porque también fue sobre mi vida. Ahí conté mi vida. Ahí recién supieron mis hijos cómo me crié, porque yo nunca les dije, porque ellos pensaban que yo me crié pero en la gloria, pero no fue así. Ahí, en la obra de teatro, recién vinieron a saber cómo yo me crié cuando era niña.

Después tuvimos uno que se llamaba Territorio Despojado, también fue mi casa. Las dos obras fueron de mi casa. También estuve en una que se llama Proyect Salvador…en el Niño Rojo también estuve. (…)

También estoy en esa música urbana que le llaman. He ido a Valdivia, porque canto igual, pero en mapudungun, no en español. Cuando fuimos a Antofagasta con la obra de teatro ganamos un festival. Y todo eso me hace feliz. Me siento bien, porque me gusta; me gusta mi trabajo; me gusta lo que hago de la obra; me gusta compartir con mis chiquillos; me gusta compartir con mi familia, con mis amistades que tengo; mis compañeras de trabajo son muy buenas, me quieren mucho, así que yo soy feliz lo poquito de vida que estoy pasando. Cuando fui niña, esa no, no, no fui feliz, no tengo recuerdos bonitos de eso, por eso no me iría más pal sur, a pasear sí, pero a vivir no, pero aquí sí tengo recuerdos bonitos. Porque todo lo que hago me gusta, me gusta mi trabajo, la obra, cantar, y estoy aquí en Mahuidache también, acá cerca donde tenemos la ruka. También estoy grabando unos üllkantun con un joven. Eso quiero dejárselo a mis nietos para cuando yo ya no esté aquí, para que ellos tengan recuerdos y me escuchen la voz”.

*El uso de las fotografías de este sitio web, solo puede realizarse con el permiso de las familias correspondientes y dueñas del archivo fotográfico. Queda prohibido el uso del material, más allá de la investigación relacionada con el libro y el sitio web del proyecto “Santiago waria mew, memoria y fotografía de la migración mapuche”. Cualquier otro fin debe ser consultado.