Álbum Familia Chaña Paillavil

Testimonio I Ignacio Chaña Millaquir

ME CRIÉ EN EL CAMPO

“Así que ahí me crié, ahí andaba. Bueno estaba más chico, unos cinco o seis años. Andaba de la mano con mi papá (…) Íbamos a buscar leña. Mi papá tenía un faldeo bien bonito. Pero había de todo. Había chupones, maqui, zarza, avellana, dihueñes. ¡Qué fruta no había! Había de todo: mutilla, frutilla. Había toda clase de fruta. Y había una tierra colorada, entonces nosotros hacíamos —bueno yo hacía— un coligüito bien como aradito y empezaba a hacer una troya, ¡miércale!, mientras los animales pastaban. Así me la llevaba”.

MI PAPÁ SE VINO A LA CAPITAL

“Después mi papá vino para Santiago porque ya el trabajo mermó allá. Todos los meses mandaba plata mi papá, juntaba plata semanalmente y nos mandaba. Así que con esos nos manteníamos, pero andábamos bien mal: pobres. Andábamos vestidos…así que era poco lo que le pagaban a mi papá también y éramos varios: éramos 4 hermanos y mi mamá. Así que la pasábamos mal, pasábamos hambre. De repente no teníamos nada. Y yo tenía una tía que se había casado con un caballero que estaba bien puesto y ahí me había mandado mi mamá. Ahí iba a conseguir un kilo de trigo. Hacía tostado mi mamá y ahí hacíamos harina y ahí comíamos. Al final tuvimos que irnos donde un tío mío que vivía al otro lado. Entonces nos fuimos para allá con mi mamá. Nos fuimos con todos y allá nos repartieron: unos por allá cuidando animales, otros tíos que vivían en otro lado —llamaban Wingkul a una parte—. Así que ahí me mandaban a mí primero. Estuve cuidando chanchos ahí y después mandaron a mi hermano, porque era más chico él y a mí me trajeron donde mis tíos para trabajar: para arar, rastrear, en la cosecha, todo eso. Yo creo que tenía unos siete u ocho años”.

SANTIAGO

“Como a los 10 años mi papá me trajo para acá. Mi papá nos fue recogiendo de a uno prácticamente. A mí me fue a buscar. Después llegó mi hermana Clarita. Después llegó mi hermano Antonio y el Juan quedó allá en el sur (…)”

“Yo llegué primero. Mi papá me trajo pa’ acá y yo llegué primero. Mi papá trabaja en construcciones después. Una tía mía le hacía comida y yo le iba a dejar la comida a la construcción, en esa construcción donde estaba Soprole antes (Población Chile), así que ahí yo le iba a dejar. Me dejaba plata pa’ comprar pan. Y en esos tiempos había membrillos y, como niño, uno quiere algo. Entonces me dejaba plata para comprar cuatro o cinco panes; compraba uno menos y me compraba un membrillo. Hacía como que me había comido un pan ya y me comía un membrillo. Así que aquí al final ya nos hicimos hombres. Bueno cuando niño trabajé en una cajonería, una barraca y cajonería, ahí en Ñuble con Vicuña. Todo eso era una barraca grande. Ahí trabajó mi papá también”.

“Mi papá llegó a una población que ahora es un parque. Había una población de pura fonolita y pisos de tierra: una población callampa. Ahí vivía un tío. Él trabajaba en negocio y empecé a trabajar con él en el negocio porque él tenía carretón y caballo. Íbamos, salíamos para el lado de Puente Alto a buscar fruta; y para el lado de Maipú íbamos a buscar verduras. Y ahí empecé a trabajar con él, en el carretón; íbamos a Mapocho también a buscar cuestiones: de todo, queso. Y con hambre po, mirando todo aquello y con hambre (…) Después a mí me mandaban solo”.

VIUDEZ

“Quedé viudo del primer matrimonio. Quedé con dos niños. ¡Chiquititos!: no sabían hablar, no sabían na’. Y con mi niño —el mayor, el Jorge— fuimos a comprar y le compré un juguete. Y me mostraba el juguete él, y me decía “mamá… mamá”: que la mamá le había comprado. ¡Qué! La mamá estaba sepultada”.

“Fíjese que cuando mi mujer se fue a hospitalizar no la pude llevar yo tampoco. Yo me quedé con los niños y mi hermano, el Antonio, la llevó al hospital. Así que cuando al otro día la iba ir a ver, me quedé aquí chuteando una pelotita chiquitita y los niños ahí jugando, chiquititos, y de repente como que cayó algo en mi corazón. ¡Chuta! Como a las doce fue… y sentí, qué habrá pasado, como que me decaí así. Cuando fui pa’ allá a verla, a saber de ella, me dijeron: “falleció; ahí está la ropa”.

EL ALCOHOLISMO

“Así que me quedé con esos chiquitos. Y mi cuñada, anciana que vivía aquí con nosotros, ella los cuidaba; yo trabajaba. Y uno allá afuera —no sé si pa’ pasar las penas, no sé—, pero me quedaba con los compañeros de trabajo, tomando, en vez de venir pa’ la casa a cuidar los niños y a preocuparme de ellos. Eso sí que iba a comprar con plata. Iba al matadero. Traía de todo y la viejita nos hacía la comida aquí y atendía a los niños. Luego ella se fue porque se enfermó y mi hermana, la Clarita, vino a atender a los niños”.

UN SEGUNDO AMOR

“En un bautizo, la mamá de la Moni (Celinda Paillavil). La conocí en un bautizo. Mi hermano era el padrino y ella era la madrina. Entonces mi hermano— yo andaba por ahí callejeando, jugando a la pelota parece que andaba— me dijo: “oye —me dijo— soy padrino y vamos a celebrar allá en La Agrícola. Te invito”. Ya po’. Me eché una bañá ¡miércale! Cambié ropa que por ahí tenía… y fui pa allá. Y allá estaba con la gente, cuando de repente empezaron a servir y veo a la mamá de la Mónica, pero corriendo así. Y la miro: ¡oh… qué me gustó!, con ese atrayente que andaba. Y ella era evangélica…y la invité a bailar y bailó conmigo. Y ahí le pedí si me daba una oportunidad para que me conozca. Ya ―me dijo― ya está. Y ahí empezamos a pololear, pero yo tomaba, fumaba, jugaba a la pelota; ella, iba a la iglesia. Así que como que no cuadraba la cosa”.

EL SEGUNDO MATRIMONIO Y LOS CAMBIOS

“Un día ya no tenía ni cama. Estaba mal. Con dos niños. Y los niños se hacían pichi. Cuando me iba a acostar en la cama ―que ya no parecía cama―, helado ¡uh! Me daba frio y los niños uno a cada lado dormían conmigo. Y yo no sabía qué es lo que pasaba y total que…”

“De repente nos encontramos otra vez. Conversamos y de ahí… conversamos bien. Y le propuse matrimonio y me dijo que sí. Pero ella dice que se encontró ella en un sueño: una luz grande así dice, estaba ella y yo con los dos niños míos, y entendió que se iba a casar. Pero dice que cuando soltera antes, cuando ni pensaba pololear, dice que tuvo un sueño. Se vio ella misma. Ella misma se vio y una le dijo a la otra: “te vai a casar y vai a tener tres hijos”. Y se casó y tuvo tres hijos. ¿Se da cuenta? (…)”

“Ahí nos casamos y ella terminó de criar mis niños. Pero mis niños andaban mal, mal, mal. Había un basural ahí y los niños se iban pa’ allá. Allá hurgueteaban como niños chicos y andaban todo mal, con cuestiones. Así que después se arregló todo cuando llegó ella. Pero fue una mamá. Peleaba con ellos, jugaba con ellos. Tenía un pedazo de pan, todos comían. Nunca hizo diferencia”.

ME HICE EVANGÉLICO

“Pero yo no podía cambiar. Terrible. Ella todo bien…y yo mal, porque seguía en el trago, seguía con lo mío (…) Cuando dijeron que nos iban a sacar porque no pagábamos los dividendos, ¡pucha!, me preocupé. ¿Qué hago? Estaba metiendo palos a la máquina y dije: voy a meter este dedo, la máquina que me lo corte, porque decían que cuando uno se accidenta este dedo pagaban bien, pa conseguir un poco de dinero. En esto estaba imaginando: ¿dónde?, ¿cómo?, y metiendo palos. De repente oigo una voz atrás. Estábamos todos trabajando. Oigo una voz atrás que me dice: “el evangelio es el único lugar donde puede cambiar tu vida”. Y miro y no veo a nadie, pero con voz audible. Es como mentira. Es como sueño. No sé”

UNA VEZ SOÑÉ

“Soñé primero que iba por una población callampa. Me salió un perro y el perro me mordió la pierna, pero no me tocó la carne, sino que me sacó redondito un pedazo de pantalón. Y lo sigo yo. Se vuelve pájaro y después se vuelve un hombre. Le voy a pegar un puñete…y despierto. Y mi señora también despertó, entonces yo le cuento a mi señora: esto soñé. Y me dice: “Satanás está enojado porque fuiste a la iglesia”, me dijo mi señora. Y más tarde vuelvo a soñar y estoy en Jotabeche y mi pastor estaba en el pulpito y baja con un tarro de esos que sale pintura, lleno de agua, y un jarrito de lata con orejitas de alambre. Bajó y habíamos cinco o seis abajo, una fila. Él le echaba agua al jarrito y tomaban. Cuando me tocó a mí, agarré el jarro con las dos manos y me tomé el agua. En el sueño. Y cuando hago eso, despierto. Pero parece que entró aire a mi garganta, como que se abrió mi garganta. Y despertó mi señora y le cuento a mi señora. “Te recibió el señor”, me dijo. El día lunes nunca amanecía bueno peñi, siempre con la caña mala”.

CLUB DEPORTIVO GERACADSO

“En el colegio jugaba a la pelota. Aquí empecé a jugar en las infantiles. En la mañana nos daban chocolate, café con chocolate, chocolatito, quequito. Ahí nos justábamos todos. Oiga, pero se fanatiza uno. Otras veces estaba enfermo, afiebrado, acostado en la cama y había una muralla. Yo iba así y salté la muralla a jugar a la pelota. En los juveniles me acuerdo. Jugaba en la defensa. Tenía un club, Geracadso (Gerencia Administrativa de la Caja de Seguro Obrero). Era una firma del seguro servicio social. Ahí salió ese club. Con camisetas nuevas. Las compraban. Jugué harto tiempo a la pelota”.

MAPUDUNGUN

“En el sur hablaba puro mapudungun no más. Bueno también castellano hablaba, por ese patrón que tenía, Guillermo Gutiérrez, así que ahí aprendí hablar el castellano. Pero mapudungun también con las viejitas, todo. Pero después a uno se le va olvidando. Hablaba de repente con mi papá y con mi señora también, pero no mucho. Y otra cosa que pasaba, que cualquier torrantito a uno le decía indio pa acá, indio pa allá, entonces uno se avergonzaba, sino le habría enseñado a mis hijos a hablar en mapudungun. No como ahora, que ahora está esparcido y todos quieren aprender a hablar en mapudungun”.

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