Álbum Familia Ortíz Caripan

Testimonio I Carmen Caripan Catricura

EMPEZAR A TRABAJAR MUY DE DE NIÑA

“Yo llegué muy de niñita acá. Llegué como a los ocho o nueve años a trabajar. Mi papá murió cuando yo tenía siete años y éramos cuatro hermanos. Yo era la mayor y yo tenía que salir como fuera de la casa. A mi mamá le quedó una guagua de un mes, entonces yo salí con ella a trabajar, pero no podía trabajar con ella y yo me empecé a ganar el pan solita. Así conocí mucha gente y yo me ganaba mi comida, sin sueldo”.

PRIMER TRABAJO

“Yo llegué a trabajar al tiro, sola. Yo llegué a trabajar en una casa donde había como cinco nanas. Conmigo eran cinco. Yo entré como compañera de una hija de los ricos, de la misma edad mía, entonces con esa niñita yo jugaba y la entretenía. Ese era mi trabajo. Pero a mí me daba vergüenza hablar, porque yo no sabía hablar muy bien castellano, porque uno se cría hablando mapudungun allá en el campo con mi mamá y mi papá, eran los dos mapunche, mapunche. Entonces yo le decía —María de los Ángeles se llamaba la niñita—, yo no sabía si decirle María de los Ángeles, yo le decía siempre señorita” y no sabía dirigirme a ella, no sabía cómo, porque yo venía en bruto”.

CONOCER LA PLAYA CON LOS PATRONES

“Como a los once años volví y ahí empecé a trabajar firme. Allí una tía me buscó trabajo y trabajé en un parte donde cuidaba una enfermita, porque trabajo no podía encontrar yo. Cuidaba una enfermita, una persona enferma y yo la atendía. La lavaba —imagínese—, hacía las camas. Y tenía un criadero la señora, criaba bichos ahí y yo le atendía y le cuidaba los bichos: conejos, gallinas. Ese era como podía trabajar yo y acostumbrada yo también en el campo, no me daba asco hacer esas cosas. Y de a poquito fui para arriba. Después trabajé de niñera. Ahí ya duré harto yo. Y lo pasé súper bien, porque me llevaban a la playa mis patrones. En un lado duré como tres años cuidando niños, niños que eran más grande que yo (…) Yo la pasaba súper bien. Maitencillo. Conocí casi todas las playas, Cartagena, con ellos, con mis patrones”.

APRENDER A COCINAR

“A los 19 años, cuando me casé, empecé a trabajar donde la señora Teresa. Ahí yo no sabía tejer, ella me enseñó. Como yo no me crié con mi mamá no tenía idea de esas cosas. Y es ahí donde aprendí a cocinar, con la señora Teresa, ella era judía, muy buenas personas (…) Donde la señora Teresa aprendí a cocinar las empanadas, las humitas, el pastel de choclo, el pollo al coñac, de todo. Aprendí la cocina extranjera, que era la parte de ella. De todo aprendí a cocinar ahí. Echábamos un día entero en las comidas, porque ellos invitaban mucho a toda la familia, y cocinábamos 2 días enteros para atender a la familia. Ahí aprendí a cocinar, y le tomé mucho cariño a la cocina”.

LA QUINTA NORMAL

“En la Quinta Normal era muy bonito. Antes se veía la gente ahí, todos los que éramos mapuche. Así como los peruanos se juntan en la Plaza de Armas, ahí era la cita de los mapuche. Uno conversaba, la niñas, los niños, y uno tenía amigas, amigos. Era muy bonito. Uno se encontraba con la gente de sur, si todos nos reuníamos ahí, todos nos conocíamos ahí, nos encontrábamos ahí. De Pucura, de Traitaico. Toda la gente iba ahí … Y en Matucana habían locales donde las nanas salíamos a bailar”.

COMIDA MAPUCHE

“La comida mapuche yo siempre la supe hacer. Como le digo yo era la mayor, y era muy trabajadora, entonces a los 7 años yo ya le lavaba a mi hermano, le cocinaba a mi hermano, yo creo que por eso quede chiquitita, porque mis hermanos son altos. Yo era muy trabajadora, y mi papá y mi mamá trabajaban en la cordillera, haciendo durmientes, cuartones, tenían un campo en la montaña, arriba, arriba en la cordillera. Tenía dos partes mi finao papá, en la parte baja en Traitraico y en la cordillera. Entonces ellos se iban a trabajar y yo me quedaba con mis hermanitos, yo les cocinaba, hacía comidas de arveja, los tallarines, pero no con salsa, eso no se hace en el campo, sino el korü, que es la sopa. Así que con eso esperaba siempre a la hora de once a mis papás, o con la comida de trigo, korü ketran, o cualquier sopita así po’. A mí me gustaba. Y el katuto, mi mamá siempre hacía, todas las maneras de aprovechar el trigo, el millokin, kako iyael, el yuyo también. Eso a mí me gustó, y me gusta, cada vez que yo iba para el sur. Después, cuando mi mamá dejó de trabajar, yo le decía: “mamá, yo quiero korü ketran”. El korü ketran es muy parecido al trigo mote, al kako iyael, el korü ketran es el mismo trigo donde se hace katuto, pero se hace caldo, ese es el korü ketran. Eso al comerlo como que llega a sanar, es rico. Entonces siempre me gustó eso (…) Y una vez con la Maggi hicimos un curso en la Católica, como ella estudió ahí, y para recibir a la gente hicimos comida mapuche, ahí surgió la cosa, vimos que podíamos trabajar con la comida mapuche”.

EL MISHAWÜN

“Yo una vez fui, me contrataron para el lanzamiento de la Errázuriz, en la Municipalidad de Providencia, harta gente, me contrató una persona, buena plata, era para harta gente. Lo malo es que la alcaldesa no se quedó a comer, ni siquiera la conocí yo, pero por lo menos hubo harta gente. Entonces querían que yo sirviera, pero no me dijo el que me contrato sino otro que llegó, “ya po’ —me dijo— retire todo esto de aquí”. Yo cuando hago comida mapuche llevo todas mis cosas, porque para el mapuche es llenarse ¿cierto? Yo hago hartas cosas, por eso yo cobro mi buena plata. Entonces hartas cosas, había de todo en la mesa, y él que llegó me dijo “esto quiero que desaparezca de aquí”, y yo voy y le contesto: “¿yo también me tengo que desaparecer?”, así le contesté. Tenía todo listo para hacer mishawün. Mishawün es compartir, porque yo a todas partes donde voy lo que hago es eso, yo dejo todo servido en platitos y montones de cosa para ir rellenando, y voy viendo cuando se desocupa para ir rellenando los platos. Ya po’, todo bien, contento el que me contrató, pero llega otra persona y me dice eso, que saque todo, con prepotencia me dijo: “esto tiene que desaparecer”. Tuve que sacar mis cosas, las fui a dejar allá donde tenían todos los computadores, pero yo no me aparecí. Después me dijo: “pero usted tiene que servir”. Ellos no entienden la idea del mishawün: yo el muday le doy primero a la ñuke mapu y después a todos los finados, primero les pido permiso. Yo les digo que disculpen que los voy a usar para ganar plata, para ayudarme. Entonces que alguien venga a decirme qué tengo que hacer con la comida, como que duele”.

*El uso de las fotografías de este sitio web, solo puede realizarse con el permiso de las familias correspondientes y dueñas del archivo fotográfico. Queda prohibido el uso del material, más allá de la investigación relacionada con el libro y el sitio web del proyecto “Santiago waria mew, memoria y fotografía de la migración mapuche”. Cualquier otro fin debe ser consultado.