Álbum Familia Mayo Calfunao

Testimonio I Estelvina Calfunao Fierro

NIÑEZ EN EL CAMPO

“Bonita. La pasé más en el campo, ayudaba a mi papá, o sea no ayudaba, me llevaban para cuidar las herramientas en el campo. Buen cuidador llevaban po’. Tenía menos de 7 años. Mi papá era agricultor, trabajaba como mediero en los fundos, porque el campo que teníamos nosotros era muy poco, eran 8 hectáreas, y él tenía 11 hijos. Entonces no era como para mantener una familia tan grande. Ahí él manejaba la vaca pa’ la leche, las ovejas, el huerto, esas cosas que el campesino cría, las chacras que dicen.”

MIGRACIÓN Y PRIMEROS TRABAJOS

“A los 14 años mi papá me dijo —porque ya habían otras niñitas que ya estaban grandecita como para ayudar a hacer la tarea que yo estaba haciendo—, entonces me dijo que tenía que salir a trabajar po’, porque los medios no daban. Primero me fui a Loncoche, con la familia Benner. Demasiada explotación, eso sufrí mucho. Eran alemanes, muy explotadores. Como cabra chica, para mí fue mortal. Nos hacían trabajar hasta las tantas de la noche, había que limpiar los pisos con varsol, me acuerdo, las murallas. Yo miro hacia atrás y digo cómo… Hoy día afortunadamente han logrado las asesoras tener un mejor trato. Bueno, a los 15 años me vine a Concepción a trabajar en lo mismo, pero ahí quedé a cargo de un tío que me iba a buscar los días domingos y me iba a dejar en las tardes, pero trabajaba puertas adentro. Y después ya me vine a Santiago como a los 16 años”.

AYUDA ENTRE MAPUCHE EN LA CIUDAD

“Nosotros andábamos igual como andan los peruanos ahora, así en grupito (…) Acá en Santiago había primas, nosotros teníamos harta familia acá, de mi papá había una cacha de sobrinos y sobrinas acá trabajando, y tíos y esas cosas. Así igual nos sentíamos como en familia, nos visitábamos, porque ellos arrendaban piezas, íbamos allá, como te digo, andábamos igual que los peruanos.

[Después de casada] arrendábamos una pieza en León Ugalde, cerca de Avenida Matta. Ahí recibíamos a otros mapuche que venían de visita, porque teníamos ahora nosotros una pieza (…). Uno se apoya, porque es gente conocida, y siempre viene uno recomendado, primero se comunican de allá, te dicen: “¿puedes ayudar? ¿puedes buscarle pega?”.Así se va haciendo la conexión, pero también uno se desconecta, porque después también se casaron ellas, también se fueron. Algunos se fueron al sur mismo, otro ni sé donde están, primos míos se que están en Conchalí, pero no sé ni siquiera donde viven”.
CASA DEFINITIVA

“Esto acá son autoconstrucción. A nosotros nos entregaron el sitio, que en esos años creo que costaba $40.000 el sitio, te estoy hablando casi cincuenta años atrás, pero te lo entregaban solamente encerrado con una malla, no había luz, no había agua, no había nada, solamente estaban medidos y separados con una de esas mallas grandes. A las dos de la mañana llegaba el agua y a esa hora había que levantarse para ir a recoger el agua. Después fue llegando la luz y el agua. Y cada uno —por eso acá las casas no son parecidas—, cada quien ha hecho como puede su casa (…) Frei para construir las casas hizo una entrega de paneles, que se decían que iban a durar 20 años, y todavía están impeques. Y las que construyó Salvador Allende, también construyó como dos manzanas, pero esas son de ladrillos, ladrillos buenos, están impecables las casas”.

DICTADURA E HIJO PRESO

“El golpe militar nos toco aquí. Un hijo estuvo detenido, la sufrimos mucho, mucho. Teníamos que dormir de guata en el suelo, todas las noches. Y se metían por cualquier cosa, una noche se metieron con la micro los pacos persiguiendo al papá de la Simona. Yo en ese tiempo ya lavaba ropa, entonces él venía en su bicicleta con ropa de un hogar de ancianos que fue a buscar allá por Puente Alto, y lo persiguieron. La bicicleta se la hicieron mugre allá afuera, y le revisaron el paquete de ropa. El salió corriendo, tuvo que saltar la muralla para la vecina de atrás. Y nosotros en la puerta, alega que alega con los pacos. En esos años yo iba a lavar y planchar a la casa de don José Bernales Pereira, que era Ministro de la Corte, entonces yo le decía a un paco: “veamos quien pesa más po’”. Yo, arriesgándome, porque que iba a saber yo si el caballero me iba a apoyar o no.

Después tomaron a otro hijo detenido. Fue cuando él tenía 18 años. Se fue a presentar al servicio militar, y los echaron para afuera, pero le dijeron que en el caso de que hubiese problema lo iban a llamar. Y así fue, llegaron un día, en la noche como a las 3 o 4 de la mañana, que supuestamente lo venían a buscar porque había conflicto con Argentina, y el papá de la Simona, como es más vivaracho, se dio cuenta y me dijo: “mamá, esta huea’ no es na’ eso, es otra cosa”. Y salió, y fue a buscar a un vecino al frente que tenía vehículo, así que apenas se lo llevaron, lo seguimos. Lo seguí, llegamos a la 18 [comisaría], después lo sacaron. Yo los seguí, se me perdieron. Después volvieron a la 18, después los encontré acá al llegar a José Arrieta. Venía el camión y pararon los milicos. Para despistarme me dijeron: “señora, vamos arriba no más, volvemos al tiro, así que llévele un cafecito”. Yo le pregunté a mi hijo si estaba bien, yo le encontré una cara de que no estaba bien, me dijo que no me preocupara, que se veía así porque estaba cansado, por como habían andado de arriba y pa’ abajo. Después mi hijo me dijo que no me pudo decir nada, porque estaba con dos milicos con la metralleta puesta. Se notaba que le habían pegado, y me dijo que estaba bien. El milico me dijo que fuera a buscar leche caliente, que la las ocho y media estarían de vuelta. Yo fuí más contenta y cuando llegué estaban cambiando guardia. Y me dice el que tomó el turno: “no, pero su hijo no ha estado aquí”. Y menos que yo había ido todas estas veces, y les dije: “no, si lo han entrado todas estas veces”. Y ahí me dijo el paco: “sabe señora, muévase rápido, no va a hacer cosa de que se le va a pasar la mano”. Y ahí les digo yo que por favor llamen al Ministro, les di el número, y lo llamaron. Después el propio paco de guardia me dijo: “váyase inmediatamente a la Radio Cooperativa o a la Chilena, y a la Vicaría”. Yo creo que él me dijo eso porque confirmó que había hablado con el Ministro. Mi marido partió para la Vicaría y yo para la Cooperativa, ahí me entrevistaron. Cuando llegamos mi hijo estaba en la casa, lo tiraron afuera de la comisaria, no quiso ir a constatar lesiones, él lo único que quería era venirse”.

*El uso de las fotografías de este sitio web, solo puede realizarse con el permiso de las familias correspondientes y dueñas del archivo fotográfico. Queda prohibido el uso del material, más allá de la investigación relacionada con el libro y el sitio web del proyecto “Santiago waria mew, memoria y fotografía de la migración mapuche”. Cualquier otro fin debe ser consultado.