Álbum Familia Mariano Llamin

Testimonio I Héctor Mariano Mariano

LOS MOTIVOS DE LA MIGRACIÓN

“Al final sin darnos cuenta, a uno lo desplaza del lugar, la misma situación económica. Eso es lo que pasó conmigo, pero sin pensar profundamente la situación que estaba pasando en la comunidad, sino que… “chuta aquí tenemos poca tierra”, yo no puedo trabajar, te aburre el campo, porque no encuentras cómo trabajar, no hay ni siquiera para trabajar los medios. Todos los peñi tienen su tierra para lo justo y necesario. Entonces la situación misma, la misma pobreza te desplaza de tu lugar. Entonces yo salí a trabajar como temporero. Entonces al no encontrar más trabajo en parral, me vine con un primo de mi señora. Entonces no encontramos trabajo en Parral y vinimos a Santiago. Y acá mis cuñados estaban trabajando en una construcción, entonces ellos me llevaron a a trabajar. Para mí fue otro mundo, porque son cosas diferentes. Vivir en el campo y vivir en la ciudad es muy diferente”.

EL TRABAJO

“Igual en los trabajos mismos, acá el mapuche… —porque llega con otra forma de vivir. En primer lugar, no conoce los trabajos de acá. Un hombre nunca hace…en ese tiempo, no estábamos acostumbrados a hacer pan, por ejemplo, entonces muchos peñi llegan a trabajar a las panaderías forzadamente, porque no tienen otro trabajo. Y la construcción tampoco es lo mejor. Entonces como no hay otros saberes, entonces hay que adaptarse a esos trabajos, pero para uno que era bruto en trabajo no era tan complicado, pero también es mal pagado, porque solamente se trabaja para comer, ni eso”.

PENSAR EN VOLVER

“Y aquí estamos viviendo en una población, que tenemos que adaptarnos todos los días, de acuerdo a la situación de una población: la balacera, muertes, traficantes, ladrones. Y uno es de trabajo, uno protege a su familia. Sin embargo, vive en una población, que no sabes si al salir de la puerta puedes volver a entrar vivo. Entonces la situación de nosotros como mapuche en la ciudad, si no somos pudientes, tenemos que vivir en un lugar donde se sufre diariamente…Estoy pensando todos los días, apenas sales, a ver quién se acerca a ti, quién es. No caminai tranquilo. Siempre andai pensando que, en una de esas, puede haber una balacera y tení que, de alguna forma, tirarte al suelo. Por eso es que el mapuche siempre va a pensar: algún día me voy a mi tierra. Me voy a mi lugar. Quiero vivir tranquilo. Quiero morir en paz. Y aquí uno está por el trabajo. No es el tuwün de acá de Santiago, cuando hablamos de tuwün, sino mülen vivo no más. Estoy ahí, porque siempre está pensando el mapuche en regresar a su tierra como sea. Aunque vivió muy pobre, como sea, pero quiere ser enterrado en su tierra, en su cementerio, con su gente. Y volver…volver, ojalá pronto volver. Pero por situación económica, por trabajo, no lo voy a hacer”.

LOS COMPAÑEROS DE TRABAJO Y SER MAPUCHE

“Es que yo supe de alguna forma dominar también. Tampoco yo grité a los cuatro vientos que yo era mapuche, sino que poco hablaba, poco conversaba, porque no dominaba muy bien el español, entonces en vista de eso, me daba vergüenza hablar. Me daba vergüenza dialogar. Entonces lo justo y necesario. Me ordenaban en el trabajo y yo lo hacía. Todo el día ahí tranquilo, observando igual cómo se movía la situación. Pero igual fue complicado… A ver, si te preguntan algo, te buscaban conversación y usted pensaba si lo diré bien o lo diré mal, lo que voy a responder”.

EL RENACER DEL MAPUDUNGUN

“El día del funcionario, el día del funcionario, un amigo me dice: “oiga, por qué no aporta con mapudungun”. Me dijo: “una palabra, una saludo o una poesía, no sé, cualquier cosa”, me dice. Entonces yo le dije: “pero ¿cómo?, ¿usted cree que pueda servir eso?”. “Claro”, me dice, “con saludar en mapudungun la gente va a escuchar algo diferente y eso les va a servir. Los chiquillos les va a gustar”. Entonces fui a la biblioteca, fui a conseguir una esta de Lienlaf, del peñi Lienlaf, donde dice una poesía cortita, que dice: “que la sangre de mi antepasado está en el cerro Ñielol y de gota en gota corre por el río de Temuco”. Eso me gustó mucho esa poesía y lo leí, con mi cotona, si era auxiliar. Y estaban todos los funcionarios. Me di cuenta que una viejitas lloraron. Mis compañeras ancianas lloraron por esa poesía. Yo no me di cuenta por qué lo habían hecho y después, cuando termino la poesía, empiezan a llegar los alumnos. Hicieron fila para saludarme, a preguntarme si yo era mapuche, si sabía la lengua. Yo me extrañé, dije yo qué onda esta cuestión. Yo le dije —no le dije soy hablante— sé hablar mapuche. Tampoco tenía el concepto de monolingüe, tampoco estaba en mi mente decir que soy mapuche hablante. Soy mapuche, sé hablar, nada más que eso”.

LA HUMILLACIÓN

“En vista de esto, no es menor lo que le puedo contar. No es una alegría para mí contarlo, porque ya estaba haciendo clases en la universidad. Entonces decían, de dos a tres Héctor va a hacer clases (de mapudungun), pero a las cuatro tiene que volver a limpiar los baños. Y sabiendo la autoridad —el mayordomo— que yo hacía cosas diferentes, sin embargo, me manda a hacer un trabajo. Bueno, si yo fuera jefe, si yo veo a una persona de esta forma, yo lo saco de ahí, lo pongo en un lugar donde pueda ser un poco más digno su trabajo. Pero fue todo lo contrario.

Y entonces empecé a ser conocido en varias partes por internet y fue así que este señor nunca reconoció o no valoró lo que yo hacía. Ya era reconocido como le decía y le dije yo: “viene una niña de Estados Unidos a hacerme una entrevista. Dice que me conoció por google y yo no podría negarle la entrevista porque estoy haciendo un trabajo ¿Usted me autorizaría a las 10 de la mañana?”. Y la respuesta fue: “no, usted no está para eso. Usted es auxiliar y por lo tanto no puede…Bueno elija usted, o vai a ser profesor o vai a ser auxiliar”…Al escuchar eso es como una espada que llega a tu corazón. Te da pena, te da rabia, te da de todo.

Bueno, y me dice “usted va ir a limpiar la palomera”, ahí donde cagan las palomas. Yo me puse mi cotona, mi pala, la bolsa y fui a hacer el aseo. Y en eso llega una niña, a las diez y media aproximadamente, buscándome. Y había un compañero afuera que sabe dónde estaba trabajando y ella dice “sabe que busco al profesor Mariano”. Y llega allá donde estaba yo. “Disculpe”, me dice, “¿Usted sabe donde está trabajando el profesor Mariano?”. Yo le dije “Yo soy Héctor Mariano”. Y la niña: “no, no, busco al profesor”. “Con él habla”. Era una gringa me acuerdo.

Entonces yo seguí trabajando y ella pensó que la estaba leseando. Y final me dice: “¿Usted es Héctor Mariano, usted es el que hace clases acá, todo eso?”. Y yo: “sí”. Y cuando me di cuenta que no estaba convencida, yo le dije: “yo no soy Héctor Mariano, yo soy el pueblo…yo soy el pueblo”. Y cuando le dijo así, me queda mirando y dice: “¿Cómo?”. “Es que esta es la situación del pueblo mapuche en la universidad, y en este país”, le dije. Entonces la niña me dice —roja, tenía más vergüenza que yo—, me dice: “yo quiero hacerle una entrevista, la puedo hacer aquí mismo”. Entonces yo estaba adentro, como encerradito en una rejita, porque en la palomera para que no pasen las palomas le puse una malla. Entonces yo estaba adentro y ella afuera, entrevistándome con su micrófono así. Y cuando yo empecé a decirle muchas cosas de la situación, recién se dio cuenta que era yo. Y me dice: “¿Yo le puedo sacar una foto, me autorizaría a sacarle una foto?”. “Claro, no hay problema, haga lo que quiera, si quiere la publica”. Porque yo no perdía ni ganaba si la universidad sabía lo que yo decía. Y actualmente, yo si tengo que decir algo, lo digo”.

LOS AVANCES DE LA LUCHA POR EL MAPUDUNGUN

“En mí no hay vanagloria de conseguir esto de ser profesor. Algunos se admiraran. Mi intención es revitalizar. No lo veo como una tremenda cuestión, sino como doblar al sistema. Y esto va más allá de los cargos. Mi intención es que los jóvenes, mapuche y no mapuche, aprendan la lengua y de aquí en unos años más, el pueblo pueda tomar el poder. Esa son mis intenciones”.

*El uso de las fotografías de este sitio web, solo puede realizarse con el permiso de las familias correspondientes y dueñas del archivo fotográfico. Queda prohibido el uso del material, más allá de la investigación relacionada con el libro y el sitio web del proyecto “Santiago waria mew, memoria y fotografía de la migración mapuche”. Cualquier otro fin debe ser consultado.